
|Macarena Ahumada | Danae Zamora |
| 8ºB | Agosto 2009 |

Aunque muchas mujeres son conscientes de que beber demasiado alcohol durante el embarazo puede provocar defectos congénitos, muchas no se dan cuenta de que beber moderadamente (o incluso poco) también puede ser nocivo para el feto. De hecho, no se ha comprobado que haya algún nivel de consumo de alcohol durante el embarazo que se pueda considerar seguro. En consecuencia, March of Dimes recomienda a las mujeres embarazadas abstenerse de beber alcohol (incluidos la cerveza, el vino y sus derivados, y los licores) durante todo el período de embarazo y lactancia. Además, puesto que a menudo las mujeres no saben que están embarazadas durante los primeros meses, aquellas que puedan estar embarazadas o que lo estén intentando deberían abstenerse de consumir bebidas alcohólicas.
Los estudios gubernamentales recientes indican que una de cada 12 mujeres bebe durante el embarazo.2 Aproximadamente una de cada 30 mujeres embarazadas informó haber bebido en grandes cantidades (cinco o más tragos) en una sola ocasión.2 Las mujeres que beben grandes cantidades en una misma ocasión o con frecuencia aumentan considerablemente el riesgo de que sus bebés sufran problemas relacionados con el alcohol.
Cuando una mujer embarazada bebe, el alcohol pasa a través de la placenta hasta el feto. En el cuerpo inmaduro del feto, el alcohol se descompone de una forma mucho más lenta que en el cuerpo de un adulto. Como resultado, la concentración de alcohol en la sangre del bebé puede ser superior y mantenerse elevada durante más tiempo que en la sangre de la madre. A veces, esto hace que el bebé sufra daños de por vida.
¿Cuáles son los peligros de beber alcohol durante el embarazo?
Beber alcohol durante el embarazo puede provocar FASD, con efectos que pueden variar de leves a graves. Éstos incluyen retraso mental, problemas de aprendizaje, emocionales o de conducta, así como defectos en el corazón, la cara y otros órganos. El más grave es el síndrome del alcohol fetal (o FAS, por su sigla en inglés), una combinación de defectos congénitos físicos y mentales.
El consumo de alcohol durante el embarazo incrementa el riesgo de aborto espontáneo y nacimiento prematuro (antes de cumplidas las 37 semanas de gestación).3,4 Los estudios sugieren también que beber alcohol durante el embarazo puede contribuir al nacimiento sin vida del bebé. Un estudio danés realizado en 2008 descubrió que la mujeres que consumen alcohol de forma excesiva en tres o más oportunidades durante las primeras 16 semanas de embarazo tienen un 56 por ciento más de probabilidades de que nazca un bebé sin vida que las mujeres que no consumen alcohol de forma excesiva.3 Otro estudio de 2008 comprobó que las mujeres que consumen cinco o más tragos a la semana tienen un 70 por ciento más de probabilidades de que su bebé nazca sin vida que las mujeres que no beben.5
En la actualidad asistimos a una creciente demanda de información sobre los patrones de consumo de alcohol en nuestra sociedad, por la problemática social y personal que plantea. Dentro de estos patrones adquieren una mayor importancia los asociados a las pautas de consumo de la adolescencia y juventud, que va aumentando, tanto en número de bebidas adquiridas, como en el de su graduación alcohólica.
La accesibilidad de los jóvenes a las bebidas alcohólicas es cada vez mayor, a pesar de las prohibiciones impuestas de su venta a menores. La edad media de inicio en el consumo de alcohol entre los escolares, según los datos de la Encuesta sobre Drogas a la Población Escolar 1998 (Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas), es de 13.6 años, y la edad media de inicio de consumo semanal se sitúa en los 14.9 años, según esta fuente las chicas registran mayor prevalencia de consumo de alcohol, aunque en cantidades menores. El 84.2% de los escolares ha consumido alcohol en alguna ocasión y el 43.9% consume al menos una vez a la semana. En cuanto a los episodios de embriaguez el 41% de los escolares se han emborrachado en alguna ocasión y el 23.6% en el último mes.
Un 80% de las muertes registradas entre adolescentes se deben a causas violentas y dentro de ellas las relacionadas con drogas o alcohol representan el 50%, existiendo un mayor porcentaje de suicidios en los adictos a estas sustancias. Además, se consideran los factores familiares de gran importancia en el inicio y curso clínico de la adicción al alcohol y otras drogas, ya que hasta un tercio de los niños tienen su primera oferta de consumo de bebida alcohólica dentro del ambiente familiar, por lo que la implicación de la familia tiene gran importancia en todo programa terapéutico.
¿POR QUÉ SE CONSUME?La creencia más compartida entre los diferentes grupos de adolescentes y jóvenes, tiene que ver con la asociación, según su opinión, entre el consumo de alcohol y las "consecuencias positivas" que este proporciona. Entre estas destacan, según ellos indican, una potenciación de la actividad psico-física ( alegría, euforia, superación de la timidez y retraimiento, mejoría del estado de ánimo, etc.), posibilidad de diversión e integración dentro del grupo de amigos donde la mayoría consumen.
En la medida que el alcohol proporciona a los jóvenes una serie de efectos o consecuencias positivas, y el joven los interpreta como un beneficio, dichos efectos se convierten en motivos de consumo. La juventud, como regla general, no asocia el consumo de alcohol con los problemas que de él pueden derivarse, ellos esperan del alcohol cambios positivos globales (facilitador de expresividad emocional, desinhibidor y potenciador de las relaciones sociales, etc.), y a la vez no creen que dicha sustancia tenga consecuencias negativas, influyendo considerablemente en un mayor consumo durante el fin de semana, donde las relaciones interpersonales se intensifican. Por eso anticipar los "efectos positivos" y no las verdaderas consecuencias negativas, conlleva a que se produzca un mayor consumo social.
Esta consideración positiva hacia el alcohol, hace que se considere al mismo como una droga socialmente aceptada y de amplia difusión, lo que hace que los adolescentes, en un amplio porcentaje, no valoren el alcohol como una droga y no consideren su consumo como puerta de entrada hacia la adicción a otras drogas, sin embargo hay varios estudios que demuestran todo lo contrario y según los cuales es muy poco frecuente el uso de cocaína o heroína, sin haber consumido anteriormente tabaco, alcohol o cannabis.
Los motivos principales del consumo: